Lechazo churro entreasado

El rey indiscutible de la mesa palentina. El lechazo entreasado es una técnica centenaria nacida en Tierra de Campos, cuando las casas no tenían horno y los guisos se hacían en cazuela sobre el fuego. «Entreasar» significa medio asar, medio guisar: la carne se dora primero y después cuece lentamente en su propio jugo hasta alcanzar una terneza que se deshace en la boca. El resultado es una salsa oscura, intensa y untuosa, que invita a mojar pan sin pudor.

Ingredientes

1 cuarto de lechazo churro IGP (pierna o paletilla), troceado en tajadas gruesas
6 dientes de ajo
100 ml de vino blanco
Aceite de oliva virgen extra
Sal
Agua templada

Preparación

1. Pedir al carnicero que trocee el lechazo en tajadas gruesas de unos dos centímetros, incluyendo el hueso, y salar los trozos por ambos lados.
2. Calentar aceite de oliva en una cazuela amplia de barro o hierro fundido hasta que cubra generosamente el fondo.
3. Dorar los trozos de lechazo a fuego medio-fuerte, dándoles la vuelta para que se tuesten uniformemente por todos los lados.
4. Retirar la carne dorada y reservar en un plato, conservando el aceite en la cazuela.
5. Mientras tanto, majar en un mortero los dientes de ajo pelados junto con el perejil hasta obtener una pasta aromática.
6. Bajar el fuego y sofreír brevemente el majado de ajo y perejil en el mismo aceite donde se doró el lechazo, removiendo para que no se queme.
7. Devolver el lechazo a la cazuela, verter el vino blanco y dejar que reduzca un par de minutos a fuego vivo.
8. Añadir un vaso de agua templada, lo justo para que la carne no quede seca pero sin llegar a cubrirla; el guiso debe quedar más en su grasa que sumergido.
9. Tapar la cazuela dejando una pequeña abertura y cocer a fuego muy suave durante 50-60 minutos, moviendo la cazuela de vez en cuando sin remover con cuchara para no deshacer la carne.
10. Comprobar que la carne está tierna y se separa fácilmente del hueso, rectificar de sal y dejar reposar 10 minutos tapado antes de servir.

Consejo del chef

El entreasado está delicioso recién hecho, pero gana enteros si se prepara la víspera: al recalentarlo suavemente, los sabores se funden y la carne absorbe toda la salsa. La guarnición tradicional son unas patatas, pero una ensalada verde también equilibra muy bien la intensidad del plato.

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